La pólvora del Madrid de Mourinho hace tanto ruido que a menudo deja en segundo plano los debates estructurales del club. El Rayo terminó la primera parte tendido en el suelo, pero acabó provocando el desconcierto en el Bernabéu que exige más a Mourinho.
El conjunto de Beñat San José fue víctima de sus propios errores y de la contundencia de un Madrid que comparte virtudes y defectos similares a los de la etapa de Arbeloa. Goleó el Madrid por 4-1 pero el equipo fue despedido con una pitada tibia. Mbappé sigue siendo el hilo conductor de este Madrid.
Arranque fulgurante
En solo 16 minutos el Madrid-Rayo parecía un encuentro finiquitado y sin conflicto. Las únicas noticias estaban en la alineación: la entrada de Diomande, el gran reclamo, y las titularidades de Bernardo Silva, Carreras y Rüdiger. Mourinho está gestionando con mucha más diplomacia los recursos que Arbeloa, como ya hizo Ancelotti en su día. La derrota ante el Betis provocó un ataque de nervios en el entorno blanco y el equipo ha reaccionado con dos victorias seguidas, pero los fantasmas del pasado siguen instalados en el Bernabéu.
La primera, apurada ante el Inter (2-1), y la segunda ante un Rayo que no hizo ni cosquillas al Madrid. Ante el desafío de un escenario gigante, se descarriló un jugador de la experiencia de Lejeune. El central persiguió sombras durante el primer cuarto de hora y cometió un penalti de libro. En una aventura de Carreras, llegó y puso todas las facilidades para que el lateral encontrara el contacto que buscaba. Mbappé, que venía de fallar un penalti ante el Betis, ejecutó la pena máxima con precisión quirúrgica.
El francés sigue haciendo números espectaculares y contribuyendo a las victorias del Madrid, aunque su carrera siga pareciendo un tour de force hacia su gloria personal. En su forma de justificar su falta de compromiso defensivo —reivindica su cuota goleadora— hay una idea clara de su percepción de lo que es una estrella.
Mbappé sigue siendo el mismo: un futbolista capaz de igualar récords goleadores de Cristiano, pero también el futbolista al que ni Luis Enrique convenció para hacer ver que podía ser uno más. Ante el Rayo volvió a parecer una manada cuando buscó la portería de Audero. Lo sufrió Lejeune, que, aún con la acción del penalti en la cabeza, dio un pase atrás sin sentido que terminó en gol de Carreras. La asistencia fue de Mbappé, que siguió buscando el tercero en la primera mitad y envió un balón al palo.
Con el Rayo convertido en un juguete roto, apareció uno de esos futbolistas abusones con las debilidades. Apareció Bellingham, como le gusta, culminando una pared entre líneas. Inició la jugada Bernardo Silva, la siguió Vinicius y, con el interior, remató el inglés, que esta temporada vuelve a ser un problema serio para los rivales. Pocos futbolistas combinan la plasticidad y la contundencia como el inglés entre líneas.
El Rayo solo intrigó a Courtois en los primeros 45 minutos con alguna jugada aislada, sobre todo con un zapatazo desde fuera del área de Pedro Díaz. "Nos queda una parte para demostrar lo que es el Rayo y atrevernos", dijo el mediocampista al descanso. Pocos sospechaban que sus palabras serían todo un presagio.
El Rayo se rebela
El Rayo salió en la segunda parte a competir con orgullo ante el Madrid. La entrada de Camavinga por Valverde fue la primera carta ganadora del conjunto de Beñat San José. El Madrid perdió fluidez y el Rayo encontró una brecha que explotar en el mediocampo.
Pedro Díaz lideró la rebelión del Rayo con un disparo seco y duro que golpeó en el larguero. Unai estuvo a punto de dar otro susto al Bernabéu en el rechace. Lo que para algunos podía parecer una anécdota se convirtió en una constante en la segunda mitad, en medio de un ambiente enrarecido. Está siendo una constante de este Madrid. El conjunto de Mou protagoniza fases donde parece un equipo descosido porque el mediocampo es solo un lugar de paso.
Lo aprovechó el Rayo con un error grosero de Vinicius, al que le ganaron en la presión, y se encontró un balón envenenado Camello, que recortó distancias con un golpe extraño por debajo de las piernas de Courtois. Tras el 3-1 se crispó el Bernabéu y se levantó Mourinho entre tímidos pitos.
Fueron los minutos de Courtois, que se hizo gigante ante las tentativas del Rayo desde fuera del área. El belga sigue imponiendo su ley: los balones parables nunca entran en la portería y muchos de los imparables tampoco. El encuentro que tenía que ser la primera gran noche de Diomande terminó sin noticias del fichaje más caro de LaLiga, otro golazo de Mbappé y el runrún de la incertidumbre en el Bernabéu.