Cuando uno exige a los demás transparencia, cuando uno lleva un caso a la justicia y se proclama defensor de la ética y de la buena gobernanza, lo mínimo que debe hacer, porque está obligado moralmente, es aplicarse a sí mismo esa forma de comportarse. No se puede ser inmisericorde con el prójimo y no mirarse en el espejo.
Joan Laporta, al poco tiempo de tomar posesión de la presidencia en 2021, afirmó públicamente en el Auditori 1899 que no tendría ningún inconveniente en explicar las comisiones en los fichajes del Barça. Lo dijo cuando denunció que, bajo la presidencia de Bartomeu, se había producido un sobrecoste —creo que de ocho millones de euros— en el fichaje del brasileño Malcom, una operación que el propio Laporta envió a la Fiscalía para que se investigara.
Igualmente me pareció entendible que Laporta quisiera poner luz y taquígrafos en el fichaje de Griezmann y en las comisiones que se pagaron. También se ha judicializado. Perfecto, estaba en su derecho, ahora bien, que todo se mida con la misma vara de exigencia y transparencia.
Desde aquel día en el Auditori 1899, hace ya cinco años, Laporta jamás ha dado detalles de una sola operación. De ninguna. Y hoy, cuando se afirma que el fichaje de Gordon ha generado unas comisiones de 24 millones de euros, urge que el club haga una cosa: admitirlo o desmentirlo. Si Gordon ha costado 70 millones de euros, el 10% de la operación son 7 millones. Si fuera el 20%, las comisiones ascenderían a 14 millones. Siendo ya una exageración pagar el 20%, ¿a qué corresponden los otros diez millones de euros? Y si no es así, que se diga.
Lo mismo sucedió con el fichaje de Lewandoski. Si el FCB le pagó al Bayern Munich 45 millones (acababa contrato al año siguiente), ¿por qué el club jamás desmintió que se pagaron 10 millones en comisiones? Otra vez el 20%. En el tema de las comisiones, tarde o temprano, como decimos en catalán, “algú prendrà mal”. Al tiempo.
Por eso me viene ahora a la cabeza un reciente artículo de Jordi Juan, director de La Vanguardia, donde escribía que “la ciudadanía necesita medios libres y solventes que nos ayuden a entender qué sucede”.
Y es que en el FCB ha sucedido una cosa que ha pasado desapercibida porque aquí solo nos importa la pelota, los fichajes y volver a ganar la Liga. Y la Champions. Sí, pero mientras haya un solo socio, aficionado o lector a quien también le importe la transparencia, la ética, la verdad y el rigor, aquí estaremos. Entre otras cosas porque todo eso era lo que, quienes mandan ahora, exigían a quienes mandaban antes, cuando el Barça también ganaba Champions, Ligas, Copa del Rey y arrasaba en las secciones profesionales y cerraba los ejercicios con beneficios y sin palancas. Eso sí, aunque se podía pagar, con la masa salarial por las nubes.
Miren, el FCB anunció hace días el lanzamiento de ‘Barça Play’. Por mucha pomposidad, liturgia y música que le pusieran (“nuevo universo audiovisual/centro de la estrategia digital/experiencia de contenidos y servicios) es exactamente lo mismo, salvo adaptaciones a la tecnología y mercados actuales, a lo que ya había antes.
Sí. Esta junta, al poco de entrar en 2021, cerró Barça TV porque perdía dinero, aunque estuviera en marcha desde la época de Núñez. Se cargó la OTT llamada Barça TV+, que formaba parte de Barça Studios. Un proyecto fantástico de contenido Barça llevado a cabo por profesionales fichados de grandes multinacionales, no por primos, primas, hermanos, hermanas, hijos, hijas, puestas a dedo.
Pasaremos por alto el pufo de Barça Studios, que solo sirvió para hacer ingeniería financiera y cuadrar las cuentas con beneficios artificiales, porque rascabas un poco y Barça Studios estaba vacío. Alguien, algún día, debería hacer una tesis doctoral de fin de carrera sobre esta palanca.
Poco después, con el experto en entretenimiento audiovisual Toni Cruz al frente, el club se sacó de la manga Barça One, una burda copia de Barça TV+. Fue presentado en abril de 2024 con toda pompa y jabón en el Mirador Torre Glòries. A Laporta le acompañaron jugadores del primer equipo de fútbol masculino y femenino, balonmano, fútbol sala, hockey patines... y Xavi Hernández. Vamos, una presentación por todo lo alto.
“Hoy el barcelonismo está de enhorabuena con el estreno de Barça One. Es la mejor plataforma audiovisual de un club deportivo, ventana abierta al mundo con la selección de los mejores contenidos de temática barcelonista”, dijo Laporta. Y añadía la nota de prensa del club: “Barça One es una evolución natural y necesaria de Barça TV+ que materializa la apuesta del Club por crear un proyecto de referencia en la industria del entretenimiento”.
Dos años y medios después, Barça One ya no existe. Ahora es Barça Play. El mismo perro con otro collar. ¿Qué ha pasado con Barça One? ¿Cuánto costó y cuánto dinero ha tirado el club a la basura? ¿Qué ha sido de los profesionales, y quiénes fueron, que la crearon sobre las cenizas de Barça TV+? ¿De verdad que en cinco años el Barça ha tenido tres OTT? Ufff...
Aquí han ocurrido cosas (entre otras, el fracaso con la pasarela de pago para ver al Barça en la gira del FCB por Corea del Sur) y no nos las quieren explicar. Igual que con las comisiones de los fichajes y esa mina de oro que iba a ser la telefonía móvil en manos de New Era. Somos todo oídos.