Un experto en pensiones avisa: "37 años cotizados no nos garantiza que nos podamos jubilar a los 65 años"
¿Cuándo podremos jubilarnos? Parece una pregunta sencilla, pero hacer las cuentas no resulta tan fácil. Los años cotizados son fundamentales, aunque hay varias cifras que entran en juego y que pueden cambiar tanto la edad a la que podemos dejar de trabajar como las opciones para adelantar el retiro. livefromquarantine.club
Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social y experto en pensiones, ha explicado cuáles son los números que conviene tener presentes al pensar en la jubilación. Y hay uno que puede llevar a error: tener 37 años cotizados no significa necesariamente que podamos jubilarnos a los 65 años.
Para empezar, están los 15 años de cotización que se necesitan, con carácter general, para tener derecho a una pensión contributiva. Pero llegar a ese mínimo no es suficiente. También se exige que dos de esos años estén comprendidos dentro de los últimos 15 antes de acceder a la pensión.
Después aparece el famoso 37. Según explica Muñoz Cuenca, son los años de cotización necesarios para alcanzar el 100% de la base reguladora. Ahora bien, esta cifra no debe confundirse con la que determina la edad ordinaria de jubilación.
Para poder jubilarse a los 65 años, cuando se aplica este requisito, hay que alcanzar los 38 años y 6 meses de cotización. Si no se llega a ese periodo, la edad ordinaria puede situarse en los 67 años. Una diferencia que, sobre el papel, puede parecer pequeña, pero que puede cambiar por completo los planes de quien está cerca del retiro.
¿Se puede adelantar la jubilación?
Quienes quieran dejar de trabajar antes también tienen que hacer sus propias cuentas. En la jubilación anticipada voluntaria se requieren al menos 35 años cotizados y el retiro puede adelantarse hasta dos años respecto a la edad ordinaria, siempre que se cumplan las restantes condiciones.
La jubilación anticipada involuntaria funciona con otros números: son necesarios 33 años de cotización y el adelanto puede llegar hasta cuatro años, siempre dentro de los requisitos establecidos para esta modalidad.
Así que, si estás calculando cuándo podrás jubilarte, quedarse únicamente con los años cotizados puede llevar a confusión. La edad ordinaria, la base reguladora y la posibilidad de adelantar el retiro dependen de cifras diferentes, y conocerlas puede evitar más de un susto cuando llegue el momento de hacer cuentas.
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Colorín colorado, esta Vuelta se ha acabado
Tengo un amigo que siempre jugaba a un número de la lotería. Un día lo llamó el lotero, con el que tenía amistad, para darle una gran noticia. “Te han tocado 300.000 euros en el último sorteo”. El amigo comenzó a dar brincos y a chillar como si el equipo de sus sueños acabase de marcar un gol. La alegría no duró mucho. “¿Puedes pasarte por la administración?”. La voz del lotero, a la siguiente llamada, no era la de alguien que da una buena noticia y el amigo se temió lo peor. La información inicial, dada de otra forma, habría tenido otro significado. El lotero se había equivocado y le había puesto un cero de más: al amigo le habían correspondido 30.000 euros, que después de pensar en el otro premio, muy superior, le supo a poco.
Cualquier corredor del mundo excepto uno, si sabe que antes de empezar la Vuelta gana tres etapas y se pasa ocho días de líder se habría llevado un alegrón. Lo nunca visto y, por supuesto, si no ha renovado con su equipo, o está en negociaciones con otro, una base sólida para aumentar el contrato casi en la diferencia de los 300.000 euros irreales a los 30.000 que le tocaron al amigo en la lotería.
La desgracia de Pogacar
Pero, Pogacar, pobre Pogacar, las tres etapas y los ocho días de líder le supieron a poco, como los 30.000 euros que te tocan cuando creías que habías ganado una cifra con un cero de más. Fue el antes y el después de esta Vuelta, sin que ello signifique desmerecer la victoria de Enric Mas. Cualquier evento deportivo sólo lo gana uno, aunque el mejor equipo de la final falle el penalti decisivo; el tenista que ha dado un espectáculo tenga el día cruzado en la final; o el piloto destacado se caiga de la moto o destroce el motor del coche en la última vuelta del circuito. Así es la vida, que sólo es justa para unos, normalmente pocos.
Nunca se sabrá cuántas etapas habría ganado Pogacar y, sobre todo, si se habría repetido otra vez el fantástico duelo, el único que se ha visto en esta Vuelta con dos líderes, entre el astro esloveno y la estrella mallorquina, tal como sucedió en Castelló, en una pista sin asfalto que debe servir para impulsar, aunque sin abusar, para que todas las carreras grandes programen al menos una jornada con tierra y piedras donde nunca falta el espectáculo.
Pogacar dejó huérfana a la Vuelta, aunque su retirada no impactó de forma negativa en la audiencia televisiva en España, aunque sí en el tráfico digital internacional. Y lo más duro vino después cuando ya las informaciones médicas procedentes de Barcelona, donde operaron al fenómeno esloveno, ya hablaron de que era imposible que pudiera afrontar los tres retos que quería correr para cerrar el año ciclista 2026: el Mundial de Montreal, el Europeo de Eslovenia y la cita con Lombardía y el reto de ganar la clásica italiana por sexta vez consecutiva.
La ocasión de Evenepoel
En estas tres competiciones sucederá lo mismo que ha ocurrido en la Vuelta después de la marcha obligada de Pogacar. La general quedó más abierta, aunque Mas se encargó de cerrarla de forma casi inmediata. Esto es algo de lo que se puede encargar Remco Evenepoel, que ya realizó el viernes una exhibición en Quebec y que, sin Pogacar en acción, se queda como el máximo favorito al triunfo en cualquiera de las tres competiciones: segundo el año pasado, en este trío de carreras, por detrás de su rival de Eslovenia.
Colorín colorado, la Vuelta se ha acabado, con los ojos enrojecidos por la caída de Pogacar y la felicidad por el resurgimiento de Mas, con la fortuna de un calor controlado en Andalucía, salvo los días iniciales, la tremenda respuesta de público con el astro esloveno en concurso y luego una carrera que ya entró en la dinámica habitual de los últimos años, salvo la emoción puesta por el éxito de un corredor local, algo que no ocurría desde el triunfo de Alberto Contador en 2014.
El Bernabéu empieza a desconfiar del 'efecto Mourinho'
El marcador del Estadio Santiago Bernabéu reflejaba un contundente 4-1 al sonar el pitido final, pero la atmósfera en Chamartín distaba mucho de ser una fiesta. Los silbidos con los que un sector de la afición despidió a los jugadores confirmaba que entre el madridismo hay quien desconfía del 'efecto José Mourinho' buscado por Florentino Pérez. El presidente quiere que Mou reactive un vestuario rearmado con nuevas y rutilantes estrellas, pero que careció de un impulso común en las últimas temporadas. Y, al mismo tiempo, espera que neutralice a un Barça que al otro lado del Puente Aéreo brilla porque el equipo de Hansi Flick muestra tanta o más eficacia que el Real Madrid, pero con un fútbol más brillante.
Un repaso al impresionante historial del técnico portugués, desde su lejano debut en los banquillos al frente de la UD Leiria en el 2000, pasando por sus proyectos al frente del Oporto, el Chelsea, el Inter, el Manchester United, la Roma, el Tottenham, el Fenerbahçe, el Benfica... demuestran a las claras que, con independencia de la plantilla y el club, desde el primer día aplica su método: ser eficaz por encima de cualquier otra cosa. El buen juego puede llegar, pero mientras tanto hay que sumar puntos. Este criterio es más sencillo de aplicar cuando cuentas con Mbappé, Vinicius o Bellingham.
'No' si el Barça va bien
Sin embargo, el Bernabéu (o al menos una parte) le envió un mensaje claro: no basta ganar cuando a 600 kilómetros de distancia el rival deslumbra. A expensas de lo que logre el Barça en el Ciutat de València este domingo, el Real Madrid cierra las primeras cinco jornadas de LaLiga 2026/27 con 4 victorias y 1 derrota. Son 12 puntos de 15 posibles que calcan al milímetro la efectividad histórica del luso en sus estrenos.
Sin embargo, más allá de esas cifras y del posible 15 puntos de 15 del Barça si gana al Levante, los brotes verdes de Arda Güler parecen no compensar las dudas con Yan Diomande, por ejemplo; y el buen juego del primer tiempo no aplaca los nervios por la caída de tensión del segundo tiempo, con un equipo apalancado una vez más en la gran actuación de Thibaut Courtois. "Describiría el partido como un asunto de 45 minutos", resumió Mourinho su defensa del equipo. "En 45 minutos estaba terminado. Sabía que el equipo no tenía la fuerza física ni mental para jugar la segunda parte igual. Prácticamente todos cometieron errores en la construcción, les costó presionar... Yo ya lo sabía. Esperaba que fuera así". ¿Suficiente?
Los tests del Metropolitano y el Camp Nou
Es obvio que Mourinho mantiene el crédito intacto, al menos hasta que lleguen duelos de calado como el derbi frente al Atlético del 20 de septiembre en el Metropolitano o el clásico del Spotify Camp Nou del 25 de octubre. El portugués defiende la pegada demoledora de su equipo y justifica la falta de fútbol (y de físico en las segundas partes) con la falta de tiempo para armar su equipo. "Estamos en construcción", afirma José, al mismo tiempo que destaca que Kylian Mbappé y Vinícius Júnior ahora también se sacrifican en defensa.
Otro 'check' en las tareas que el encomendó Florentino, recuperar y proteger a sus figuras predilectas: "Vinícius es un árbol cargado de frutos. Y la gente le tira piedras porque quiere esos frutos. El que da todo por esta camiseta siempre me tendrá de su lado". Y defiende sus rotaciones y el hecho de que, finalmente tuviera que dar minutos a un Diomandé al que, obviamente no considera preparado para ser titular en el Real Madrid. "Estoy un poco viejo para sentir presión por poner a un jugador", zanjó la cuestión.
El balance se matiza con las odiosas comparaciones: las estadísticas dicen que Raphinha (6) marca tantos goles como Kylian y Gordon (4) da tantas o más asistencias que Vinicius (3), mientras que Fermín López está en modo futbolista total con 4 dianas y 2 asistencias. Pero además, Cubarsí está imperial en defensa, Rodri ya manda en el mediocampo...
Aunque por el momento Mourinho apenas ha mostrado su lado más oscuro -tras la derrota frente al Betis hizo una primera crítica a los árbitros- está por ver cómo resisten el paso del tiempo y de los rivales su socarronería y sus maneras de viejo lobo de mar.
Pese a la inversión millonaria, Rodri acabó en el Barça y el nuevo Real Madrid por el momento es el de siempre; demoledor en las áreas pero sin juego en el centro del campo, cuando las cosas van bien. Insulso y sin nervio cuando se le agotan las baterías. Para José, por ahora es suficiente. Veremos si también lo es para el madridismo.
